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El ave fénix en la literatura

El ave fénix es una criatura mitológica de origen egipcio —Benru— que se plasma en las leyendas como un inmenso pájaro envuelto en llamas cuyas plumas son de un color rojo anaranjado que cada quinientos años se consumía por la acción del fuego y resurgía entre sus cenizas.

Ave fénix en la literatura

Mitología del ave fénix

El ave fénix ha estado presente en muchas culturas clásicas con un significado muy parecido: la inmortalidad y la resurrección.

Según el mito egipcio, la muerte de este ave era necesaria para la resurrección entre la gloria. Se decía que sus lágrimas eran curativa, que su fuerza era descomunal y que dominaba el fuego a su antojo. Cuando aparecía, se le asociaba a crecidas en el río Nilo.

El cristianismo reescribió la leyenda. Según esta religión, el fénix vivía en el paraíso y anidaba un rosal junto a Adán y Eva. Se dice que fue el único ser vivo que se sobrepuso a la tentación de los placeres prohibidos y que la espada del ángel que expulsó a los humanos del lugar prometido surgió una chispa que prendió fuego tanto a él como a su nido.

Como había resistido la tentación, Dios le concedió diversos dones: el poder del fuego y la luz y la inmortalidad.

En la cultura china ha aparecido lo que los occidentales han denominado «Fénix chino», una criatura con cuello de serpiente, cuerpo de pez y parte trasera de tortuga. Sin embargo, este ser no simboliza la resurrección o el fuego, como los casos anteriores, sino el yin y yang.

Según la mayoría de los mitos, el fénix vivía en una región comprendida entre Oriente Medio e India, que se extendía hasta Egipto.

El ave fénix en la literatura

En la literatura que más importancia ha tenido el fénix ha sido en la poesía árabe. Su origen oriental hizo que durante muchos años únicamente se utilizase como símbolo en esta zona del mundo.

Dio el salto a la tradición grecorromana de la mano de Herótodo, un historiador que cuenta en sus obras que viajó a Egipto y conoció a sus sacerdotes. Según sus textos, este ave viajaba a Egipto cada quinientos años y aparecía en Helépolis con el cadáver de su padre a rastras cuando estaba a punto de morir. El objetivo del viaje era depositarlo en la puerta del templo del Sol.

Durante los siglos XVI y XVII es frecuente su presencia en textos alquímicos y mágicos, así como en alusiones simbólicas en literatura más habitual, como podía suceder en textos de Cyrano de Bergerac o en obras europeas como las del poeta húngaro Istvan.

No obstante, con el paso del tiempo también encontramos un matiz romántico en la figura del fénix, hecho que se rastrea hasta las obras del Cancionero de Tetrarca, y que se extendió durante el renacimiento.

A día de hoy sigue siendo una criatura recurrente en la literatura. Quizás la más sonada en la última década fue la aparición en Harry Potter como la mascota de Dumbledore.

En definitiva, el fénix ha sido una figura mitológica que siempre me ha llamado la atención. Le conocí gracias a la literatura y cada vez que encuentro uno entre las páginas que leo se me dibuja una sonrisa en el rostro. Quizás no me haga resurgir de mis cenizas, pero esa risa es eterna.

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