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Reseña de «Amor y virtud» de Rolly Haacht | El Rincón de las Páginas

Esta reseña podría ser muy fácil. Simplemente podría llegar y argumentar que nos encontramos ante una novela juvenil más en el que varios adolescentes están descubriendo qué es el mundo y la forma de enfrentarse a él, pasando por ciertos momentos con hormonas alteradas y otros en los que nos sumimos en las más profundas depresiones. Pero eso habría sido no haber comprendido nada.

Reseña de Amor y virtud de Rolly Haacht

Amor y virtud me ha llegado en el momento justo. Ha sido un soplo de aire fresco, la obra que me ha salvado del mundo real en la Navidad, el salvavidas que ha conseguido arrastrarme lejos de todo lo que pasaba y sumergirme en una historia que durante una semana sentí como mía. Además, tras dos lecturas que me habían decepcionado demasiado, encontrar las páginas de esta novela ha sido como si alguien me ayudase a sonreír. Y eso, queridos amigos, no es poco.

Esta novela es el ejemplo de que las grandes tramas pueden contenerse en envoltorios simples. Que sin grandes miramientos, sin ambientaciones de cine y simplemente centrándose en los personajes se pueden crear las mejores historias. ¡Pero qué personajes! Rolly ha puesto todo su talento creando personajes bien diferenciados, reales, que podrían ser tu vecino, tu hermano o tu mejor amigo y la grandeza de esta obra radica en ello.

Sí, Amor y virtud es una historia de cuatro adolescentes y si lo juzgas simplemente por ello te vas a quedar sin descubrir una historia que merece la pena contar. Eso es solo la punta del iceberg. Esta obra nos habla de la familia y lo hace desde un punto de vista realista. No nos habla de una familia totalmente desestructurada ni de las familias idílicas que parecen haber sido sacadas de una revista de decoración. Nos habla de lo bueno y de lo malo, de los altibajos, de las lágrimas y las sonrisas que se pueden compartir, de cómo hay que arrimar el hombro cuando es necesario y que siempre habrá alguien en ellas que te busquen para darte un abrazo.

Es la historia de una familia que pasa dificultades económicas. Una familia para la cual la vida no ha sido fácil, unos chavales cuyos caminos han sido muy distintos a pesar de venir del mismo punto.

Nos habla de Derek, el agraciado, el niño favorito de sus padres, aquel que ha llegado a lo más alto, que ha conseguido becas increíbles y que se está dejando la piel por lograr sus sueños pero que, a pesar de todo, no es tan perfecto y eso le hace humano.

Zane, una niña con complejos, alguien que no entiende del todo su lugar en el mundo. Una mujer que no es como las demás de su clase y eso la confunde, le hace sentirse perdida, en algunos momentos peor, en otros la chica más especial del mundo. A través de sus ojos conoceremos una historia de buscarse a sí mismo y de descubrir que tenemos que ser los que más nos queramos.

Arabia ha sido uno de mis personajes favoritos, sobretodo por lo que no se dice pero que la autora consigue mostrar a través de su prosa. Arabia es extranjera, tiene raíces árabes y su piel la delata. A través de ella descubriremos el racismo, y la escritora se valdrá para realizar una crítica muy certera. Serán simples detallitos, una mala mirada o un comentario de pasada, pequeñas cosas que terminarán con ella delante del espejo cuestionándose, sintiéndose peor, creyéndose no ser suficiente. La evolución que veremos en ella será maravillosa. Nos enseñará saber que la piel no importa, que el color es algo que deberíamos tener superado y que tenemos que seguir luchando para que eso sea así.

Y Jake, ¿qué puedo decir de Jake? La autora define la obra como una novela coral, pero no hay duda de que él es el más importante. Es el centro de la novela y de la familia. Sus padres no le entienden y por ello le machacarán. Se sentirá desplazado, humillado, roto, vacío y hará que todos nos sintamos en consonancia con él. Y, sin embargo, veremos que es bueno, que se sacrifica por todos. Tengo muchísimas ganas de seguir conociéndole.

No he contado mucho, pero tampoco quiero contar mucho más. Es una novela de la vida, tan real como ella, tan dulce como la felicidad y tan devastadora como la tristeza que afrontarán los personajes. Son cuatro caminos distintos, cuatro historias que convergerán, cuatro miradas que difieren, pero que nos enseñan que da igual que seamos nativos del país, extranjeros, hombre o mujer, importamos igual.

Quitemos la etiquetas y hagamos un mundo mejor.

Carmelo Beltrán

@CarBel1994

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