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«Stardust» de Neil Gaiman | Análisis literario

La literatura puede cambiar el mundo. Todos los que estamos aquí somos conscientes de ello. Existen novelas distintas. Obras inspirados. Reveladoras de formas narrativas que son capaces de acariciar el corazón. Escritores cuya magia no debe de ser de esta realidad. Tuve la fortuna de descubrir a Neil Gaiman con American Gods a finales de 2017 y sus libros han sido el mejor regalo que me ha podido dar 2018. Si bien esa novela me gustó, no sabía que tras ella tendría la opción de encontrarme obras como Neverwhere o Stardust, que es la narración que protagoniza esta reseña

Reseña de Stardust de Neil Gaiman

Ya sabéis qué decía Howl en El castillo ambulante: «esta es una historia para todos aquellos que buscan la magia, porque la acabarán encontrando».

El contexto de Stardust de Neil Gaiman

Stardust constituye la tercera novela publicada por Neil Gaiman. Vio la luz en el año 1999, el mismo al que Love of Lesbian le dedicaría su famosa canción, de la mano de la editorial Avon Books. Fue una entidad valiente. Se atrevió con una obra que es a todas luces extraña. Distinta, afirmarían los más optimistas. Por supuesto, el nombre del autor le precedía. Comenzaba a despuntar. Era referente en el mundo del cómic y poco a poco aterrizaba en el espacio de la literatura tradicional.

Por aquel entonces Neil Gaiman tenía treinta y ocho años. Le quedaba muy poco para cumplir la siguiente cifra. Todos los que hablaban de su nombre lo hacían con polvo de hadas entre las manos. Si bien es cierto que creo que no ha tenido todo el reconocimiento debido más allá de las fronteras británicas, su prosa no tiene nada que envidiar a los exponentes del género más conocidos. Ya lo había demostrado en 1990 con Buenos presagios, su primer trabajo en forma de novela que publicó a cuatro manos con Terry Pratchett, y seis años después con Neverwhere, que constituyó su primer trabajo en solitario y un de las metáforas sobre las rupturas amorosas más bonitas que he tenido el placer de leer nunca.

Sus primeros pinitos se dieron en el mundo del cómic. Es más, fue uno de los campos donde destacó con luz propia. Seguro que a muchos de vosotros os suena ya el nombre de Sandman. Sus trabajos se repartieron entre Marvel, DC y otras editoras más pequeñas. También había demostrado su talento con cuentos: Sandman el libro de los sueños se publicó en 1996 y Humo y espejos en el año 1998.

Es cierto que Stardust a nivel de trama está por debajo de obras como Neverwhere o del American Gods que posteriormente le predecería. No obstante, de toda la parte de la obra que he tenido la oportunidad de leer de su prosa, creo, sin miedo a equivocarme, que fue su consolidación como escritor. Ese instante en el que todos hemos entendido que no es solo un gran escritor, sino que tiene algo mágico que no se puede explicar con palabras. Esta obra es fantasía condensada en texto. Emocionan sus frases, te ayudan a recordar por qué tiene sentido ilusionarse con cada pequeño detalle.

¿Cuál es la trama de Stardust?

Daba las primeras pinceladas sobre mi opinión en el apartado anterior. Mantengo que la trama de Stardust no es la más elaborada y compleja de las que ha creado Neil Gaiman. No obstante, nadie que lea esta novela tendrá ningún problema con ello. Aporta todavía más.

Cuenta la historia de un joven enamorado. Se llama Tristan Thorne y su corazón pertenece a una mujer que recibe el nombre de Victoria. Él, prendado de su belleza y todo lo que le rodea desde que tiene memoria, está dispuesto a hacer todo lo necesario para conseguir casarse con ella, que el amor sea correspondido. Ella, una noche como otra cualquiera, le dirá que si es capaz de traerle la estrella fugaz que acaba de caer en el cielo estará dispuesta a todo.

Tristan Thorne, joven y enamorado, se embarcará en la aventura de tratar de recuperarla. Él es consciente de que no hay nada más importante que el amor. Está dispuesto a todo por ese corazón que late en su pecho.

Este detalle, que parece a todas luces un desvarío, cobra todo su sentido si se coloca a la historia en su contexto narrativo. Tristan Thorne vive en la ciudad de Muro. Una localidad que es frontera con el Mundo de las Hadas. Es más, sus habitantes, desde tiempos inmemoriales, han custodiado la grieta que actúa como frontera entre estas dos realidades. Sus gentes solo se unen cada nueve años en un mercado en los que los habitantes del otro lado del muro acuden a conformar un mercadillo mágico. Allí se intercambian todo tipo de conjuros, hechizos o productos que nunca se podrían encontrar en el ambiente que habitan.

Como habéis podido imaginar, Tristan Thorne tampoco es un protagonista habitual. Él no pertenece al mundo real, sino que tiene parte de ambos. Diecisiete años atrás su padre se acostó con la esclava de una bruja en un día de mercado y de este instante de pasión nació su retoño. Este protagonista, a partir de esta tesitura, ejemplificará el buscarse a sí mismo. Será la vía para contar la historia de una realidad que no encaja con el mundo. La necesidad de ese crecimiento personal para decidir qué es lo que queremos llegar a ser.

Tristan Thorne comenzará un viaje para encontrar su estrella. Por alguna razón es capaz de localizar perfectamente en su mente. Tiene parte de su corazón en el Mundo de las Hadas. No puede luchar contra ello. Sin embargo, ni toda su magia contenida podrá evitar la sorpresa que se llevará al encontrar a la estrella: no tiene forma de piedra, sino de mujer.

Ahí comenzará la magia. Despegará hacia un mundo que hace mucho que no hemos contemplado.

La importancia de la forma en la literatura

No. La trama no es nada del otro mundo. No va a marcar a generaciones. No se estudiará en todos los colegios si la fantasía fuera bien considerada. Tampoco está trabajada hasta el último detalle ni plagada de giros de guion que hagan que consigan que nos echemos las manos a la cabeza y que no podemos dejar de leer. No. Stardust no tiene nada de eso. Tampoco lo pretende. Su magia se encuentra en otro lugar. Todo el que busque la epicidad de American Gods o el contexto de Neverwhere acabará decepcionado.

Su baluarte es la prosa. Lo he leído en español, pero ojalá haberlo hecho en inglés. Es la obra más poética que he tenido el placer de leer. He acabado enamorado de las letras del escritor. Creo que no hay mejor forma de expresarlo que compartir con vosotros el pensamiento que se me venía a la cabeza: yo alguna vez quiero ser capaz de escribir como lo hace él.

Al fin y al cabo, la literatura no es solo una trama. También es el hechizo de las palabras. Neil Gaiman tiene de sobra. Dota a sus letras de fantasía. Fantasía con mayúsculas. Esto es algo que muy pocos escritores tienen.

Hasta el detalle más minúsculo está impregnado de una belleza complicada de no añorar al cerrar las páginas. Cuando lees este libro sientes que los cuentos de hadas existen y que cualquier cosa es posible. Olvidas por completo tu mundo exterior porque no importa nada más que lo que se narra en sus páginas. Porque para entender qué significa Stardust es necesario dejarse arrastrar por sus letras. Seguramente sea la historia más maravillosos que he leído desde hace mucho tiempo y ello me hace sentir muy afortunado. Ser capaz de emocionarse como un niño en cualquier instante no tiene precio.

Dar sentido a la palabra fantasía

Stardust, más allá de la belleza de su prosa ya referida, está repleto de semillas de buenas ideas que dan sentido a la palabra fantasía. Es más que cierto que no se desarrolla prácticamente ninguna, pero cuando se sientan tan bien las bases de lo que posteriormente otros llevarían a cabo no se puede pedir nada más.

Neil Gaiman consigue con muy poco espacio crear un mundo que está vivo. Es una realidad en la que todos querríamos perdernos porque alberga cada detalle que hemos soñado. Da sentido a nuestros anhelos y en ella nos hallamos cómodos y en casa. Y es que, ¿quién no querría formar parte de mercados de magia que se dan cada nueve años en el mundo real? Instantes en los que lo feérico y lo humano son uno. Negocios que nunca seremos capaces de formar parte.

Fantasmas que vuelven del pasado para atormentar a quienes les traicionaron. Volar en nubes, barcos que surcan los cielos. Saber que las canciones cuentan todas las verdades del mundo de la magia es algo maravilloso. Que los árboles dispongan de una personalidad propia e irónica está al alcance de pocos.

Todo ello para narrar una historia simple. El cuento de un hombre que busca una estrella fugaz. Pero no, no es un hombre normal porque la persona que está tras sus pasos no es un escritor ordinario. Neil Gaiman dota de mucha fuerza y trasfondo a una trama que podría haberse desarrollado de una manera lineal. Sin embargo, los grandes autores son los que consiguen dar vida a cada detalle. Son esos a los que la pluma les quema si no consiguen la creación de un mundo.
Personajes secundarios como meras excusas

Quizás sea una cuestión de admiración persona. Porque, salvando las distancias, el estilo de Neil Gaiman es uno que me encanta absorber. Historias eclipsadas por personajes protagonistas que necesitan de interacciones para avanzar. Cual títeres, el resto solo son excusas para que la trama avance, pero quedarán lejos del foco en todo instante.

En tan solo doscientas páginas hay personajes que merecerían tener el foco sobre ello. Sin embargo, los dos protagonistas se comerían cualquier escenario. Es la historia de la estrella y Tristan. Es una trama impecable que requerirá de toda mirada en ellos. La evolución de estos será el cambio de la palabra fantasía. Sabremos desde el principio cómo terminará la novela, pero a quién le importa. Si es un cuento de hadas es porque queremos disfrutar del camino, de la magia y de los hechizos que consiguen que nuestra mente sonría como bobalicones.

Incluso así, Neil Gaiman consigue sorprender.

Stardust es un cuento largo

Al final Stardust no es nada más allá que un cuento largo. Una historia de hadas que enamorará a los adultos. A esos que no recuerdan dónde se encuentra la magia y por qué es tan importante no perderla nunca de vista. Es lo que consigue que seamos nosotros, lo que mantiene vivo a ese niño interior, la parte más importante de toda persona madura.

Neil Gaiman ataca de forma directa el corazón de la nostalgia. Es una flecha en el corazón de quién éramos y quién nos gustaría volver a ser durante unos instantes. Ese joven que no tiene más preocupaciones que soñar y al que soñando viajamos a partir de estas páginas.

Si los cuentos de hadas tienen este poder, ojalá podamos todos tornarnos seres féericos y viajar por todo mundo de fantasía. Salir de nuestra zona de confort es necesario para hallarnos. Enamorarnos de nosotros mismos y de lo que somos. Es importante.

Stardust alberga mil y una lecciones que aprender. Por ello se lo recomendaría a todo el mundo y quiero releerlo en cuanto tenga ocasión.

Hasta aquí la reseña de esta gran novela de Neil Gaiman. Ha sido toda una experiencia perderme por sus páginas. Y, desde luego, algo que habrá que volver a hacer.

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